La Sombra

Vivimos en una sociedad en la cual nos han educado para ser buenos, buenos en toda la extensión de la palabra, al llegar a un grupo, iniciar un noviazgo, al conocer gente nueva lo primero que queremos es dar nuestra mejor cara, que la gente vea que somos personas buenas ¿pero de dónde viene esta forma de pensar? viene de la necesidad de agradar al prójimo, viene de la religión donde si no eres buena (o) te condenas y te vas al infierno, viene de una familia donde desde niña (o) te inculcan que para merecer debes ser bueno.

Me he preguntado ser buena (o) es tan subjetivo pues lo que para mí es bueno para la otra persona no, pero tenemos un concepto de bueno, casi decir que sí a todo lo que te digan, ser bueno es ser tapete del prójimo, ser bueno es soportar todo lo que te digan con una sonrisa, fue entonces cuando entendí que lo bueno es tan subjetivo y que todos tenemos un lado bueno y un lado malo llamado “sombra” y que ambos forman parte de mí y me hacen ser la persona que soy, que tengo cualidades y tengo defectos y ambos son mi equilibrio para estar aquí, y que soy capaz de sonreír y alegrarme así como de ponerme enojada o seria, pero que si sigo en la imagen de querer agradar a mis padres, a mi familia, a la religión, y a la sociedad, no podré conocer la sombra y que forma parte de mí, bien a grandes rasgos esta es mi luz y mi sombra, pero profundizare en el tema para entender de forma total la sombra.

En 1886 Louis Stevenson utilizo una materia prima de un sueño como argumento para escribir El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, donde cada uno de nosotros lleva consigo un Dr. Jekyll y un Mr. Hyde, una persona afable en la vida cotidiana y otra entidad oculta y tenebrosa que permanece amordazada la mayor parte del tiempo.

Introducción a la sombra; la sombra personal se desarrolla en todos nosotros de manera natural durante la infancia.

Carl G. Jung descubrió la indisolubilidad del ego y de la sombra en un sueño que recoge en su autobiografía: Recuerdos, Sueños, Pensamientos:

Era de noche y me hallaba en algún lugar desconocido avanzando lentamente y penosamente en medio de un poderoso vendaval. La niebla lo cubría todo. Yo sostenía y protegía con las manos una débil lucecilla que amenazaba con apagarse en cualquier momento. Todo parecía depender de que consiguiera mantener viva esa luz.

De repente tuve la sensación de que algo me seguía. Entonces me giré y descubrí una enorme figura negra que avanzaba tras de mí. A pesar del terror que experimenté no dejé de ser consciente en todo momento de que debía proteger la luz a través de la noche y la tormenta.

Cuando desperté me di cuenta de inmediato de que la figura que había visto en sueños, era mi sombra, la sombra de mi propio cuerpo iluminado por la luz recortándose en la niebla. También sabía que esa luz era mi conciencia, la única luz que poseo, una luz infinitamente más pequeña y frágil que el poder de las tinieblas, pero, al fin y al cabo, una luz, mi única luz.

Son muchas las fuerzas que coadyuvan a la formación de nuestra sombra y determinan lo que está permitido y lo que no lo está; los padres, parientes, maestros, amigos, etc. y constituyen un entorno complejo en el que aprendemos lo que es una conducta amable, adecuada y moral y lo que es un comportamiento despreciable, bochornoso y pecador.

La sombra opera como un sistema psíquico autónomo que perfila lo que es el Yo y lo que no lo es.

Liliane Frey-Rohn, analista Junguiana, nos dice lo siguiente “este misterioso tesoro encierra tanto facetas infantiles, apegos emocionales y síntomas neuróticos como actitudes y talentos que no hemos llegado a desarrollar. La sombra “permanece conectada con las profundidades olvidadas del alma, con la vida y la vitalidad; ahí puede establecerse contacto con lo superior, lo creativo y lo universalmente humano”.

La enajenación de la sombra

La sombra es peligrosa e inquietante y parece huir de la luz de la conciencia como si ésta constituyera una amenaza para su vida. Así pues, podemos ver la sombra indirectamente a través de los rasgos y las acciones de los demás, sólo podernos darnos cuenta de ella con seguridad fuera de nosotros mismos.

La analista Junguiana Marie-Louise Von Franz, ha insinuado que el mecanismo de la proyección se asemeja al hecho de disparar una flecha mágica. Si el receptor tiene un punto débil como para recibir la proyección la flecha da en el blanco. Nuestra sombra personal contiene todo tipo de capacidades potenciales sin manifestar, cualidades que no hemos desarrollado ni expresado.

El encuentro con la sombra

Pero, aunque no podamos contemplarla directamente la sombra aparece continuamente en nuestra vida cotidiana y podemos descubrirla en el humor (los chistes sucios o en las payasadas, por ejemplo) que expresan nuestras emociones más ocultas, más bajas o más temidas. Cuando algo nos resulta divertido -un ejemplo cuando una persona se resbala, o el descubrimiento de un tabú corporal-, también nos hallamos en presencia de la sombra. Según John A. Stanford, la sombra suele ser la que se ríe y se divierte, por ello es muy probable que quienes carezcan de sentido del humor tengan la sombra muy reprimida.

También podemos reconocer la irrupción inesperada de la sombra cuando nos sentimos abrumados por la vergüenza o la cólera o cuando descubrimos que nuestra conducta esta fuera de lugar. Es por este motivo que rechazamos tan rápidamente, las fantasías asesinas, los pensamientos suicidas o la embarazosa envidia que tantas cosas podría revelarnos sobre nuestra propia oscuridad.

La depresión también puede ser la consecuencia de una confrontación paralizante con nuestro lado oscuro, un equivalente contemporáneo de la noche oscura del alma de la que hablan los místicos.

La sombra colectiva

Los mensajes emitidos a diario por los medios de difusión de masas a toda nuestra aldea global electrónica evidencian de continuo las secuelas más lamentables de la sombra, el mundo se ha convertido en el escenario de la sombra colectiva.

No hay modo de eludir el espantoso y sombrío fantasma invocado por la corrupción política, el fanatismo terrorista y los criminales de cuello blanco.

A lo largo de la historia la sombra ha aparecido ante la imagen del ser humano asumiendo aspectos tan diversos como un monstruo o un dragón.

Como dijo Nietzsche: “El arte impide que muramos de realidad”.

El fenómeno de proyección también puede dar cuenta de la enorme popularidad de las novelas y las películas de terror ya que, de ese modo, la representación vicaria de la sombra nos permite reactivar y quizá liberar nuestros impulsos más perversos en el entorno seguro que nos ofrece un libro o una sala cinematográfica.

Cada familia igual que la sociedad tiene sus propios tabús, sus facetas ocultas. La sombra familiar engloba todos aquellos sentimientos y acciones que la conciencia vigílica de la familia considera demasiado amenazadoras para su propia imagen y, consecuentemente rechaza.

En nuestra sociedad los malos tratos conyugales y el abuso infantil, oculto hace poco en la sombra de la familia, emerge hoy en proporciones epidémicas a la luz del día.

El lado oscuro de la sombra no constituye una adquisición evolutiva reciente fruto de la civilización y de la educación, sino que hunde sus raíces en la sombra biológica que asienta en nuestras células. A fin de cuentas, nuestros ancestros animales consiguieron vivir gracias a sus uñas y sus dientes.

Hemos olvidado ingenuamente que bajo el mundo de la razón descansa otro mundo. Ignoro lo que la humanidad deberá soportar todavía antes de que se atreva a admitirlo”. Jung.

Recuperar la sombra

Según el novelista Tom Robbins “descubrir la sombra nos permite estar en el lugar correcto del modo correcto”.

La astrologa y analista junguiana británica Liz Grenne: “el lado enfermo y doliente de nuestra personalidad encierra simultáneamente a la sombra oscura que se niega a cambiar y al redentor que puede transformar nuestra vida y modificar nuestros propios valores. En cierto modo este redentor es anormal porque lleva consigo algún tipo de estigma. Por ello puede descubrir el tesoro escondido, salvar a la princesa o matar al dragón. La sombra es, pues, al mismo tiempo, aquello a redimir y el sufrimiento redentor”.

En 1945 Jung definió a la sombra como lo que una persona no desea ser. “uno no se ilumina imaginando figuras de luz- afirmó- sino haciendo consciente la oscuridad, un procedimiento, no obstante, trabajoso y, por tanto, impopular”.

Para Jung los arquetipos son las estructuras innatas heredadas del inconsciente que compartimos todos los seres humanos y terminan prefigurando nuestras características, nuestras cualidades y nuestros rasgos personales. Los arquetipos constituyen, las fuerzas psíquicas dinámicas del psiquismo humano.

Proyección: en psicoanálisis, es la atribución a otra persona de los defectos o intenciones que alguien no quiere reconocer en sí mismo.

Como ejemplo tengo al otro a mi espejo, lo que me molesta de otro no lo puedo aceptar en mí.

Para la tradición cristiana original reconocía que el mal se halla dentro de cada uno de nosotros, San Pablo, como buen psicólogo profundo dijo: “Porque el bien que quisiera hacer no lo hago, pero el mal que no quisiera hacer lo hago”.

El estudio de los sueños, ensueños y fantasías nos proporciona un último camino para tomar contacto con nuestra sombra personal.

* Agradezco al texto Encuentro con la Sombra sin esto no hubiese sido posible compartir este escrito con ustedes.

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Lic. Claudia Anaya Arceo.

Especialista en Bioneuroemoción®

citas por Skype

claudiaarceo@hotmail.com 

Whatsapp  +52  44 33 25 60 37

 

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